17.5.10

¿Que es educar a un hijo?



¿Qué clase de ser humano quiero que sea mi hijo?; ¿Qué es lo que puedo hacer para que lo logre?

Parecen sanas intenciones, aunque sería conveniente cuestionarse antes sobre el rol de los padres. ¿Hasta qué punto pueden/ deben influir en sus hijos? ¿Puedo moldear a mi hijo para que sea lo que yo quiero? ¿Dónde queda su libertad? ¿Debo querer algo específico para mi hijo? ¿Cómo hacer para que en ese proceso pueda él ser quien es o va a ser y no quien yo quiero que sea?

Antes de contestar a esas preguntas, quizas sería conveniente preguntarse lo siguiente: ¿educar consiste en traspasar conocimientos, información, consignas y creencias a las mentes de nuestros hijos? ¿Nuestros hijos están "bien educados" cuando se comportan como nosotros deseamos?

La palabra educar proviene de dos vocablos latinos: ex (sacar) y ducere (guiar, conducir). Se trataría, entonces, de facilitar activamente la expresión de aquello que está en el interior de esas personas que son nuestros hijos. Como no existen dos personas iguales (no las hubo en toda la historia humana, ni las habrá), más allá de la materia prima común de la que estamos constituidos cada individuo encuentra su riqueza en su singularidad. Cuando ésta aflora, ese ser hace su aporte irremplazable a la totalidad de la que es parte necesaria, irremplazable e imprescindible.

Los padres son los primeros educadores, los esenciales. En el inicio el hijo depende de los padres como una planta del agua, como los pulmones del aire, como nuestros ojos de la luz. Los necesitan para ser alimentados, para ser protegidos, para ser reconocidos y registrados, los necesitan para ser amados, requisito primordial de una existencia con sentido. En los padres tendría que prevalecer la conciencia de que su función es respetar la singularidad sagrada de sus hijos antes que imponer sobre ella los propios deseos, las propias expectativas, las propias urgencias y, sobre todo, la propia necesidad de resolver, usando a sus hijos, las cuestiones no concluidas con sus padres. Mis hijos no son culpables de mis asignaturas pendientes (aquellas que mis padres no me permitieron cursar en la vida o que yo no me atreví a llevar adelante). Por lo tanto no honraré a mis hijos si pretendo que ellos sean lo que yo no fui, se trate de lo profesional, lo personal, lo social, lo afectivo o de lo que se tratare. Y tampoco los honro si me propongo perpetuar en ellos mi propia imagen obligándolos (a menudo de manera sutil y aparentemente "amorosa" y "generosa") a que sean, más que mis hijos, mis clones.

Quiero a mis hijos cuando soy capaz de respetar sus sentimientos y necesidades auténticas, cuando intento atender esas necesidades en la medida de lo posible. No los quiero cuando no los trato como personas con mis mismos derechos sino como a objetos que tienen que ser corregidos.
La respuesta, al fin, es la empatía. Todos los niños necesitan respeto, protección, cariño, sinceridad, comprensión. Todo eso junto se denomina amor. Guiándose por la empatía, los padres que respeten a sus hijos (que no los adulen, ni intenten "comprar" su admiración manipulándolos o apropiándose de sus destinos) contribuirán a hacer de éstos personas respetuosas, empáticas, con capacidad de amar. Esos niños habrán sido bien educados, es decir, guiados para sacar de sí lo mejor. Serán libres, porque no estarán obligados a pagar deudas existenciales de sus padres.

6.5.10

Apego

QUE ES EL APEGO?
El apego, se define como una vinculación afectiva intensa, duradera, de carácter singular, que se desarrolla y consolida entre dos personas, por medio de su interacción recíproca, y cuyo objetivo más inmediato es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza ya que esto proporciona seguridad, consuelo y protección.

El apego proporciona la seguridad emocional del niño: ser aceptado y protegido emocionalmente. Se refiere a un vínculo central y específico: madre-hijo o cuidador-infante. Es un nexo perdurable que, de ser seguro, produce consuelo, contención, placer. Es el primer encuentro con alguien; ni más ni menos que con aquel que, aparentemente, nos ayudará a sobrevivir. Y sus resultados, según entienden los investigadores de la conducta infantil, determinarán el andamiaje para todas las relaciones que desarrolle en su vida.

LA INFLUENCIA DE LA PRIMERA INFANCIA
El 90% del cerebro que tendremos de adultos ya está disponible cuando cumplimos tres años. Si el cerebro se forma en tiempos en que el apego es clave, demás está explicar la importancia que existe entre una crianza segura y la calidad de nuestros pensamientos y emociones.

Nuestro cerebro vive haciendo conexiones. En cada una hay un aprendizaje. Es la plasticidad neuronal la que permite la inscripción de cada experiencia, la que pone en juego la diversidad y la singularidad. Por eso, si bien todos tenemos cerebro, cada cual tendrá el suyo. Así como la fórmula del apego es universal, cada cual tendrá su historia emocional, acorde a su cultura, a su sociedad, a sus padres, a su primer encuentro.

CARACTERÍSTICAS COMPORTAMENTALES
El apego tiene una serie de características comportamentales:
- Esforzarse por mantener la proximidad con la persona con la que se está vinculada
- Resistirse a la separación sintiendo ansiedad, desolación y abandono ante la pérdida
- Mantener un contacto sensorial privilegiado con la figura de apego
- Usar la figura de apego como base de seguridad desde la cual poder explorar el mundo físico y social
- Refugiarse en la figura de apego en momentos de tristeza, temor o malestar, buscando en ella apoyo y bienestar emocional.

LOS TRES PATRONES
En base a la experiencia que hayamos tenido en los primeros meses de vida con nuestro cuidador, así como las condiciones familiares y sociales en las que hemos crecido, habremos adoptado un estilo de relación y forma de vincularnos con los demás. Los resultados de tanta investigación definen tres patrones de apego: el estilo seguro, el ansioso ambivalente y el evasivo.

APEGO SEGURO:
"El término «apego seguro» describe relaciones vinculares en las cuales el niño confía en que sus cuidadores serán accesibles en situaciones de estrés, brindándole protección y cuidado", "una relación sólida y saludable con la madre o cuidador primario se asocia con una alta probabilidad de crear relaciones saludables con otros, mientras que un pobre apego parece estar asociado con problemas emocionales y conductuales".

Los niños con estilo de "apego seguro" tienen la capacidad de apoyarse en sus cuidadores cuando algo los preocupa. Saben que sus cuidadores están disponibles y que tienen la sensibilidad suficiente para responder a su angustia. Esa base sólida en la relación les ha enseñado a ser más seguros de sí mismos, más cálidos, estables y coherentes con sus deseos y emociones.

APEGO NO SEGURO:
Quienes padecen ausencias o separaciones físicas o emocionales, es muy probable que desde muy temprano generen mecanismos defensivos que se movilizan para sobreponerse o sobreadaptarse a la falta o la pérdida. Las ausencias o, lo que es peor, las presencias sin afecto o la falta de contacto, abonan el miedo y las ansiedades crónicas. De hecho, el abandono espiritual, social y económico en la primera infancia suelen ser el motor que impulsa, entre otros cuadros severos, conductas delictivas, actos de violencia, adicciones, fobias y pánicos.

Hay que asumir que madres y padres ausentes, por depresión, por ambición, por necesidades tan básicas como la comida y tan perversas como el último modelo de equis capricho, son factores de riesgo de chicos menos felices, más ansiosos, obesos, agresivos, deprimidos, antisociales.

"Una experiencia de apego traumática predispone al procesamiento inconsciente de un duelo , lo que a su vez deriva en una variedad de trastornos psicopatológicos, como pueden ser trastornos de la conducta alimentaria, personalidad borderline, trastornos de ansiedad o del estado de ánimo, e incluso psicosis. La mayoría de estas patologías se manifiestan en la adolescencia y en la juventud."

Los chicos de "apego evasivo" se muestran desinteresados y sin ánimo de compartir con sus cuidadores. Se mantienen aislados porque creen que el otro no tiene la capacidad de entenderlos ni de ayudarlos. Tienen miedo de relacionarse o intimar porque no logran confiar ni sentir seguridad.

Los "ansiosos ambivalentes" suelen vivir con mucha angustia la separación. Se resisten a que el otro se vaya con expresiones de protesta, enojo y caprichos. Suelen desarrollar habilidades emocionales inconsistentes, lo que los convierte en inseguros y demandantes.

LOS PADRES:
Ahora, ¿de dónde obtenemos los padres las capacidades para entender lo que nuestros hijos desean?, ¿quién nos dice que ese tono de voz, ese gesto, esa forma de abrazar es lo que nuestro descendiente necesita? Inevitablemente enseñamos en relación con nuestra historia, con el apego que hayamos experimentado cuando chicos. Así como cantamos las mismas canciones de cuna, solemos cargar con estilos y significados heredados, aunque algunos no llegamos a reconocerlos.

Confiamos en que ahora sabemos de la importancia que tiene el apego, sobre todo en los primeros años de vida. Celebramos la posibilidad de revertir historias traumáticas de la niñez, la capacidad de ser flexibles contra cualquier modelo rígido y desadaptado, la necesidad de resignificar acorde a los nuevos tiempos, a nuestros proyectos y los de nuestros hijos.

EL FUTURO
Gran parte de las psicopatologías o trastornos severos de la personalidad pueden entenderse como consecuencia del tipo de vínculo afectivo que se haya tenido en una primera infancia o en relaciones posteriores.

Frente a los problemas que se multiplican en una sociedad sin apegos seguros, "hay que trabajar permanentemente con la familia, aun con sus problemáticas, y, cuando no hay familia, apostar a recursos comunitarios que sean soportes sólidos, con garantías". Recuperar el concepto de familia implica recuperar la idea de "soporte", más allá de las disfuncionalidades. Hoy, muchas familias no se enmarcan en los retratos tradicionales. Hay madres solas, padres solos, familias ensambladas, tíos o abuelos con rol de padres; muchas veces, un vecino. Esa es "la familia"; ese es el vínculo existente que hay que fortalecer para que haya alguien que pueda sostener, cuidar, abrazar a quien lo necesita. "Preocupa ver cuántos pacientes llegan al hospital y, en medio de la crisis, sus familiares insisten en que no pueden hacerse cargo."

Tu casa, mi casa... ¿funcionan?, Si hay afecto y contacto, seguro. Si no, buen comienzo. Tal vez valga apuntar en la cocina palabras clave como: sonrisas, abrazos, responsabilidad, flexibilidad, adaptación, límites, experiencias, respuestas, vínculos, respeto, libertad, bienestar, felicidad,.... (sume todas las que crea que hacen a un apego seguro).

Por Eduardo Chaktoura (Nota publicada en el Diario La Nación)


27.3.10

Resiliencia - el arte de recuperar la alegría perdida

Una pareja adinerada y madura tiene una hija a la que idolatran. Siempre están obsequiándola y han contratado a todo un equipo de niñeras que se turnan para que jamás esté desatendida. Pero, a pesar de la casa de muñecas, el repertorio de juegos de jardín y los centenares de juguetes que abarrotan su cuarto, sin embargo, la niña que ahora ya tiene cuatro años parece un tanto desesperada, porque sus padres, temerosos de que algo la contrariase, jamás le han permitido tener un compañero de juegos.

La pareja suscribe la curiosa teoría de que, si logran evitar todas las situaciones estresantes, su hija acabará convirtiéndose en una persona feliz. Pero esa visión errónea les ha llevado a soslayar la relación existente entre la resiliencia y la felicidad y asumir una actitud sobreprotectora que, de hecho, constituye una forma de privación. La misma idea de que hay que evitar a toda costa el sufrimiento de los niños distorsiona la realidad y no tiene en cuenta el modo en que el niño aprende a convertirse en una persona feliz.

La investigación realizada en este sentido ha puesto de relieve que la búsqueda de una elusiva felicidad continua no es tan importante como si lo es el modo de aprender a capear las tormentas emocionales y recuperar la normalidad. El objetivo de los padres no debería ser la búsqueda de un supuesto estado artificial de felicidad continua de sus hijos, sino más bien debiera enfocarse en el modo de enseñar a sus pequeños, suceda lo que suceda, a recuperar la alegría.

Así, por ejemplo, los padres que saben reenmarcar un momento preocupante, enseñan a sus hijos un método universal que puede enseñarles a desarticular las emociones negativas. Estas pequeñas intervenciones van enseñando al niño la capacidad de enfrentarse a los problemas contemplando el lado positivo de las cosas.

Mal preparados creceremos emocionalmente si, de pequeños, no aprendemos a gestionar los inevitables contratiempos de la vida. El niño sólo desarrolla sus recursos internos aprendiendo a soportar los embates del patio de recreo, campo de adiestramiento de los altibajos de la vida cotidiana. Y, del mismo modo, el cerebro sólo domina la resiliencia social cuando el niño renuncia a mantenerse en un monótono estado de placer continuo y se acostumbra a enfrentarse a los inevitables problemas que acechan a la vida social.

El valor del estrés depende, en gran medida, del dominio que logre el niño de esa reacción, que se refleja en la tasa de hormonas ligadas al estrés. Durante las primeras semanas del año escolar, por ejemplo, los preescolares más sociables, socialmente competentes y queridos por los demás mostraron una mayor actividad en los circuitos cerebrales que desencadenan la secreción de las hormonas del estrés, lo que refleja sus esfuerzos fisiológicos para responder al reto que implica integrarse en el nuevo grupo social de sus compañeros de juego. Esa tasa declina en la medida en que el año avanza y encuentra un nicho cómodo en esa pequeña comunidad pero, en el caso de los preescolares infelices y socialmente aislados, por el contrario, siguen manteniéndose o incluso intensificándose. El aumento de la tasa de hormonas ligadas al estrés que aparece durante los nervios de las primeras semanas pone de relieve una valiosa respuesta metabólica que moviliza al cuerpo para enfrentarse a una situación problemática.

Extraído del libro: La Inteligencia Social. Autor: D.Goleman

14.3.10

Niños Bajo Presión

Agendas "de grandes", más actividades extraescolares, poco tiempo para el juego libre. Sucede cada vez más entre chicos urbanos y de familias sin apuros económicos. ¿Por qué los embarcamos en esta alocada carrera?



Al principio, las culpables parecían ser las mochilas.

Tras atender a uno, dos, infinidad de chicos en edad escolar con insólitas contracturas dorsales, más de un pediatra concluyó que todo se debía a la enorme carga de libros, cuadernos, viandas y demás utensilios que los jóvenes estudiantes suelen cargar rumbo a la jornada escolar. Sin embargo, tras popularizarse el uso de carritos, la situación no mejoró.

Las contracturas siguieron, tanto como los dolores de panza, o de cabeza, a repetición. Signos casi inequívocos de estrés que insisten en aparecer en una población de entre 7 y 10 años, junto con un preocupante aumento de trastornos neurolingüísticos (vinculados con el proceso de comprensión).

"Hay sobreexigencia", claman algunos especialistas. "Falta juego libre", indican otros. "Están demasiado controlados", opina el escritor y periodista escocés Carl Honoré, quien en su libro Bajo presión asegura que, tras los pequeños trabajadores de la Revolución Industrial y el auge de la infancia libre del siglo XX, estamos asistiendo al nacimiento del "niño dirigido": hipercuidado, hiperregulado y controlado, inserto en un circuito de clases, talleres, cuidadores y actividades que en un momento se creía estimulante, pero que hoy está revelando facetas bastante menos auspiciosas.

El fenómeno es global, aunque parece tener claros límites socioculturales: niñez urbana, criada en ambientes de clase media y clase media alta.

En cierto punto, los más mimados y protegidos entre los niños. Acarreando, día tras día, una mochila tan invisible como agobiante.

ALTA TENSIÓN:

"Los pibes se enferman más -asegura el pediatra Eduardo Faganello-. En principio, porque permanecen mucho tiempo en lugares cerrados y eso hace que tengan mayor propensión a enfermedades. Además, están sometidos a mucha presión." Como otros profesionales de su área, en los últimos 20 años Faganello ha asistido a los rotundos cambios que afectaron el entorno donde crecen sus pacientes: temor ante la inseguridad, éxodo desde las plazas y veredas hacia el interior de las casas, padres muy exigidos por el mundo laboral y social, jornadas escolares cada vez más extensas y casi "extinción" del juego espontáneo entre pares, sin mediaciones tecnológicas.

"Todos pretendemos que los hijos nos superen -reflexiona el pediatra-. Pero actualmente se observa una excesiva demanda para cumplir con ciertos objetivos que tienen que ver con lo educativo. Y esto, que desde mi punto de vista es consecuencia de un modo generacional de educar, tiene mucho costo para la población infantil."

"Te das cuenta, ¿no? El chico nunca será aceptado en una universidad decente." Con estas palabras, lanzadas por un maligno compañero de trabajo, se inaugura el calvario de Boris Ivánovich, una de las tantas criaturas surgidas de la imaginación de Woody Allen y su irrefrenable (aunque no por ello menos mordaz) amor por Nueva York. En el caso de Ivánovich y su mujer, protagonistas de uno de los relatos de Pura anarquía, la noticia de que su hijito de tres años no superó la prueba de admisión en una guardería de elite (debido a "ciertas dificultades al apilar los bloques") deriva en una carrera de sobornos que terminará llevándolos a la tan temida bancarrota.

Si para estos dos neuróticos aspirantes a la alta sociedad neoyorquina una mala elección de jardín de infantes vendría a prefigurar toda una vida de fracasos, para los atribulados padres de las grandes urbes actuales una buena educación significa la mínima herencia que les pueden dejar a sus hijos en un mundo inestable.

¿Algo que ver con aquello de M´hijo el dotor ? Quizás, pero en un contexto de ascenso social mucho menos facilitado, marcado por un profundo vértigo laboral y tecnológico.

"Nadie tiene muy claro el tipo de mundo que va a haber dentro de diez años -explica el psicoanalista Germán García-. La incertidumbre es local y global." Ante esta situación, la adquisición de un segundo o tercer idioma desde edades tempranas puede funcionar de módico reaseguro. También, la doble jornada escolar, juzgada por muchos pedagogos y funcionarios como más eficaz (entre otros, la ex ministra de Educación Susana Decibe). Aunque no falten los especialistas que, como Horacio Sanguinetti, presidente de la Academia Nacional de Educación, no acuerdan con estos criterios. En un artículo publicado el año pasado en La Nacion, el ex rector del Colegio Nacional de Buenos Aires asegura que, en su opinión, la doble jornada no mejora el nivel educativo.

Por su parte, Faganello agrega: "La elección de la doble jornada no siempre tiene relación con que los padres trabajen. Creo que se compra un marketing. Los jardines con doble idioma y computación desde temprano... Aclaro que no es que yo no esté de acuerdo con el segundo idioma, no es eso. Simplemente, creo que se habla mucho sobre todo lo que el pibe, necesariamente, tiene que saber. Y no se dice nada sobre el permiso que tiene que tener un chico para ser libre en muchas cosas".


ABRIR LA PUERTA PARA IR A ... ¿JUGAR?

Como tantos niños de su edad, Lautaro (8) asiste a una escuela de doble jornada. Se levanta cerca de las siete de la mañana y regresa a su casa a eso de las cinco de la tarde. Todos los días tiene que hacer deberes. Además, los martes y jueves, tras merendar, toma clases de apoyo escolar. Los lunes tiene cita con la fonoaudióloga. Los sábados va a la escuela de natación. Y los viernes... es el día en que recibe amigos en casa, "para jugar con la Play". Lo que se dice todo un niño de agenda.

"Yo trato de no recibir niños en consulta después de las seis de la tarde", comenta Silvia Salman, miembro de la EOL (Escuela de la Orientación Lacaniana) y especialista en psicoanálisis infantil. No es difícil imaginar las razones de su decisión. Un niño cuya jornada comienza a tempranas horas de la mañana, al finalizar el día está, sencillamente, agotado. Y no con la mejor de las predisposiciones como para participar en una sesión terapéutica. "Es cierto. Los chicos tienen agenda, algo que en otras épocas no ocurría -continúa la especialista-. Existía el club, se hacían actividades, pero no con el formato estandarizado que se da en la actualidad. Hay algo en esta regulación que no deja lugar a la espontaneidad, a tener realmente ganas de hacer algo."

Cuenta Salman que, por lo general, sus jóvenes pacientes llegan a la consulta a partir de una derivación escolar. "La mayoría de las demandas están ligadas a ciertas dificultades en el lazo con los otros, el vínculo con los compañeros de la escuela -explica-. La hiperexigencia y la escasez de tiempo libre pueden incidir en la cuestión de los lazos. Aunque, desde mi punto de vista, lo que cuenta es la singularidad de cada caso. Con algunos chicos la agenda puede funcionar, ordenarlos. Pero con otros, una agenda armada por los padres puede aplastar el deseo del niño. No conviene generalizar."

Docente, productor de documentales y padre de un niño y una beba, Laureano Ladislao Gutiérrez no puede dejar de contrastar su infancia de plaza, tardes en la vereda y estampidas tras tocar el timbre a algún vecino con el mundo en el que está criando a sus hijos: "Hoy, jugar al fútbol es jugar al fútbol 5. Jugar a la escondida es ir a un lugar donde se hace una actividad, con un responsable, alguien que lo planifica. Expresarte por medio del arte es ir a un taller. Nadar, ir a clases de natación -enumera-. Y los cumpleaños son eventos que requieren organización, dinero, estrés. ¡Volvemos a cantar el Feliz Cumpleaños si la foto salió mal! Es una fiesta de un nene de dos o tres años, no un casamiento."

La regulación de los momentos recreativos, la superabundancia de estímulos y actividades dirigidas no es, en realidad, un tema exclusivamente ligado con el mundo escolar o preescolar. Basta ver la infinidad de propuestas destinadas a "desarrollar al máximo" el potencial de los bebes..., incluidos los que aún están en plena gestación. Para Germán García, lo que está en juego es una cuestión de oferta y demanda. "Existe un mercado -asegura-. Eso implica que todos somos objeto de cierta manipulación. Entonces, cuando el mercado puso los ojos sobre los niños, produjo efectos."

En sentido similar opina Salman: "En los adultos hay como un imaginario de que es necesario hacer ciertas cosas para pertenecer y tener asegurado el lazo con los amigos. Por ejemplo: todas las amiguitas de una nena van a clases de comedia musical. Puede ocurrir que la chiquita también pida ir y la madre acceda, considerando que es bueno que no se sienta afuera de su grupo de amigas. Pero también puede pasar que sea la mamá la que siente que su hija "se queda afuera" si no participa de esa actividad. ¿De quién es el deseo, entonces?"

Por ahí parece pasar buena parte de la cuestión. Parar la máquina diaria y reflexionar un poco. Discriminar dónde está lo interesante de una actividad (incluso, de una "agenda") y dónde el punto en que las cosas comienzan a salirse de cauce. Ver a los chicos. Escucharlos. Diferenciar qué es lo que ellos manifiestan y cuáles las expectativas que uno, como padre, está alimentando.

"¿Qué puedo hacer para que le crezca el cuerpito como a Messi?" Con tono entre agotado e indignado, Eduardo Faganello asegura que la pregunta le fue formulada en el marco de una consulta pediátrica.

Unas cuantas décadas atrás, allá por mediados del siglo XX, el pediatra y psicoanalista D. W. Winnicott escribía: "El juego demuestra que el niño es capaz, en un medio razonablemente satisfactorio y estable, de desarrollar una forma personal de vida y de convertirse eventualmente en un ser humano completo, deseado como tal y bien recibido por el mundo en general". ¿Cuál será el margen de juego que le queda a una futura estrella de fútbol de, pongamos por caso, siete años?

"Habría que evitar agendas que les impidan tener un mínimo de cuatro horas diarias para el juego libre, pautado por la pura curiosidad y el deseo de hacer -sugiere la licenciada en gestión educativa María Belén Cairo Sastre-. Sólo de allí surgen la creación, el invento, la conexión consigo mismos y la internalización verdadera de todos los otros aprendizajes." En un artículo titulado Derecho del niño a jugar , Cairo Sastre postula que en la Argentina actual existen, en realidad, dos infancias: la "hiperenseñada" y la "hiperhumillada". Mientras que la primera estaría privada del juego debido a un nivel de exigencia "que, por ir más allá de lo saludable, enferma", para los integrantes de la segunda, condenados a estar "por fuera del sistema, en los márgenes, deseantes, frustrados, achicados y con el resentimiento del fracaso, del no poder", la pregunta misma por lo lúdico pierde sentido.

En un conocido poema, William Blake describe la infancia como el modo de Ver un mundo en un grano de arena,/ Y un cielo en una flor silvestre,/ Sostener el infinito en la palma de la mano/ Y la eternidad en una hora .

Honoré relee al poeta inglés para preguntarse, una vez más, dónde está el beneficio de formar chicos tan enmarcados en lo funcional, tan dirigidos a objetivos, tan direccionados al trofeo. Y tan distantes del tiempo improductivo que permite bucear el infinito en la palma de una mano.

"Todos salimos mal parados cuando los niños se convierten en proyectos", sentencia el autor de Bajo presión . Más allá de su tono admonitorio, no estaría mal tenerlo en cuenta.

Por Diana Fernández Irusta
Revista Diario La Nación: Domingo 14 de marzo de 2010


LIBRO SUGERIDO:

18.11.09

Cronología del Juego 1ra parte: El Bebe hasta su 1er año y el Niño de 1 año

El bebé juega desde que nace. La aptitud y el gusto por jugar es una cualidad de todos los “cachorros” de cada especie. El juego se constituye así en actividad esencial para el desarrollo en todos los niveles. A medida que el niño crece y adquiere nuevas capacidades su juego también se complejiza.

Revisemos la actividad de juego y los juguetes preferidos en cada etapa de la vida del niño.

EL BEBÉ HASTA SU PRIMER AÑO:
Es el tiempo en que predomina la información que le llega a través de sus sentidos (gusto- olfato- oído- tacto y vista) y de su necesidad de moverse.

El bebé cuenta con sus sentidos que le permiten conocer y reconocer, por eso los juguetes aptos para los primeros meses de vida son aquellos juguetes livianos que puede levantar y llevarse a la boca, porque es con la boca con lo que conoce.

La combinación: vista – mano – boca es la que va a usar el bebé para descubrir, tomar y chupar o morder cuando aparezcan los primeros dientitos.

Agitar como hace con el sonajero, empujar como con los móviles o los tentempiés, o apretar juguetes u objetos blandos, como la pelota, peluches o muñecos livianos y suaves entre los que están aquellos que usa como juguetes de apego y trapitos.

También disfruta el arrojar desde su sillita alta de comer o desde el barandal de su cuna, viendo cómo caen los objetos a su alrededor y la mamá se los alcanza nuevamente hasta su mano para volver a arrojarlos.


EL NIÑO SE INTERESA POR TODO LO QUE SUENE
Por lo que los juguetes musicales serán muy agradables

Le encanta también ver cómo giran rápidamente objetos, que puede ser un trompo de colores, pero que también puede ser un botón, una chapita o un anillo.

En las jugueterías hay mantas preparadas para actividades que cerca del año puede realizar.


EL CUERPO ES EL PRIMER JUGUETE:
El niño descubre sus manos, pies, y otras partes del cuerpo y a medida que las descubre las explora. No sólo de su cuerpo sino del de su mamá. No olvidemos que en un principio ambos cuerpos eran para él como uno sólo.

La mamá puede colaborar en este proceso de descubrir su cuerpo, sensaciones y posibilidades mediante masajes suaves, movimientos de rotación sobre cada costado ayudándolo con los movimientos desde la mantita de apoyo, estimulando la reptación puesto boca abajo y con algún juguete que le atraiga un poco más lejos de su alcance.


EL NIÑO DE 1 AÑO:
Los sonidos así como los colores son importantes para jugar con ellos.

Cuando alrededor del primer año el niño comienza a dar sus primeros pasos, va a disfrutar de arrastrar objetos, como una silla en la que se apoyará para desplazarse, luego al dominar su andar preferirá tener juguetes u objetos para arrastrar y que lo sigan a él.

En esta etapa los juguetes con ruedas son los preferidos, así como los andadores que simulan ser autitos y que el niño empuja con sus propios pies. Los caballitos de madera que se balancean también son muy divertidos.

En esta etapa le gusta apilar objetos y hace torres de tres y cuatro elementos, por esto los juegos más sencillos de construcción, con aros que se superponen sobre una varilla, o cubos que pueden entrar unos en otros o apilarse sobre otros, son muy entretenidos.

Prof. Lic. Irma Morosini
Fuente: Revista Crayones.

PRÓXIMAMENTE... estaremos publicando la 2da parte de esta nota describiendo los juegos preferidos e ideales para niños de 2 años y mas.

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7.10.09

Decálogo básico del desarrollo psicosocial infantil


1 Para el niño es fundamental el contacto estrecho con los padres antes y en el momento de nacer.
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2 El niño necesita establecer un vínculo o relación de afecto y amor con sus padres o las personas que lo cuidan.
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3 El niño necesita un intercambio con su medio a través del lenguaje y del juego.

4 El niño necesita hacer las cosas por sí mismo para alcanzar un grado adecuado de autonomía o independencia.

5 El niño necesita la valoración positiva para tener una buena autoestima y confianza en sí mismo.

6 El niño necesita tener un mínimo de seguridad y estabilidad.

7 El niño necesita poder expresar sus emociones y sentimientos sin temor a ser reprimido o castigado.
8 Cada niño es distinto, tiene su propio temperamento y su propio ritmo; no todos los niños aprenden con la misma rapidez.

9 Las familias estimuladoras, cariñosas y apoyadoras tienen niños más sanos y felices.

10 Los padres y adultos deben evitar golpear, maltratar, asustar, descalificar o engañar a los niños. Un ambiente de irritación, violencia o inestabilidad prolongada es perjudicial para el desarrollo infantil.

(*) Este documento fue preparado por la Oficina Regional de Unicef para las Américas.
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Si queres, podes agregar debajo en los comentarios de esta publicación todas aquellas consideraciones que vos consideres importantes agregar.
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